La revolución nunca será lo que llaman ‘sentido común’

CdL / Junio 2019

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La mentira es la que manda, la que causa sensación.
La verdad es aburrida, puta frustración.
Eskorbuto

La mentira reina entre más evidente se hace su dominio, y quienes somos engañadxs aceptamos la mentira –no tanto porque la creamos– sino porque termina imponiéndose como la única verdad posible, y como la única racionalidad socialmente aceptada.

Esta sociedad viene soportando lo insoportable desde hace varios siglos, y ni siquiera ante dos guerras mundiales y el desastre ambiental que ha desatado la explotación capitalista es capaz de cuestionar el actual orden de las cosas –el dominio económico por encima de la vida de las personas– e imaginar una posible superación. Aún sabiendo su mentira, desplegada durante todo este tiempo y comprobada una y otra vez con grotescos ejemplos, seguimos reconociendo a las instituciones más corruptas e inhumanas que nuestra historia haya conocido, conceptos como las encarnaciones del “bien, la seguridad y la paz”: el Estado, la Iglesia y la propiedad burguesa.

Y es que la ideología del trabajo puede aprobar la inhumanidad, el saqueo, la persecución. La paz y tranquilidad de lxs ciudadanxs no solo depende del grado de violencia desplegado (la vigilancia constante, la presencia policial, las tanquetas y asesinatos en el sur del país y los controles de identidad en colegios), sino también de su capacidad de permitirles producir y comprar, de su poder gastar y poder volver a generar al día siguiente para seguir gastando. Mientras la vida alienada continúe su curso seguro, poco importa la violencia y la inhumanidad que sean necesarios para mantenerla.

La crítica revolucionaria no puede enfrentar este mundo de la mentira demostrándole la verdad en sus propios términos. No puede defender en términos democráticos la violencia de la revolución, de su expropiación generalizada; no puede defender en términos ciudadanos el vandalismo y el sabotaje

 

El sentido común de la sociedad actual avala la intervención militar en nombre de la “paz”, la destrucción del planeta en nombre del progreso y, por sobre todo, una vida de trabajos mal pagados para la inmensa mayoría en nombre del crecimiento económico (aunque la buena remuneración de los trabajos no cambiaría el problema de fondo: la alienación).

El derecho, la democracia, la igualdad, el diálogo… en un mundo donde todo no hace más que justificar la violencia cuando viene desde el Estado y las clases poseedoras, el sentido común no es más que la más pura expresión de su dominio basado en la mentira: en el mundo de lo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso.

La crítica revolucionaria no puede enfrentar este mundo de la mentira demostrándole la verdad en sus propios términos. No puede defender en términos democráticos la violencia de la revolución, de su expropiación generalizada; no puede defender en términos ciudadanos el vandalismo y el sabotaje. La crítica revolucionaria debe poner en crisis los conceptos propios del sentido común actual, debe cuestionar la paz, el bien, la democracia, como única forma de develar su verdadero contenido: el pillaje y el saqueo capitalista.

La revolución no se defiende ni define en los términos del sentido común burgués: no es democrática, ni es pacífica, sino que detiene por la fuerza la locomotora de la irracionalidad capitalista, locomotora alimentada por generaciones sometidas y empobrecidas por las clases dominantes.

La verdad es que la crítica radical de la sociedad actualmente existente es la única que propone medidas verdaderamente realistas para superar la enajenación actual: Comunidad, auto organización, lucha y producción social en base a las necesidades humanas

 

En este mundo invertido, donde la racionalidad capitalista crea un mundo profundamente irracional, en el cual convive la manipulación genética y la exploración espacial con el hambre de miles de millones de seres humanos, solamente la crítica revolucionaria puede exponer la verdad de este mundo: la dominación del humano por el ser humano. Las soluciones para superar este estado de cosas aparece, para el pensamiento dominante, como una locura o como una utopía bienintencionada pero inalcanzable. La verdad es que la crítica radical de la sociedad actualmente existente es la única que propone medidas verdaderamente realistas para superar la enajenación actual: Comunidad, auto organización, lucha y producción social en base a las necesidades humanas. Nuestro sentido común es el de las comunidades auto organizadas. Solamente desde ellas, y no de su representación, puede generarse una visión común desde el ser humano y su entorno natural. Hoy, por el contrario, es la propaganda capitalista quien habla por nosotrxs.